Hoy al salir de la ducha, he cogido un espejito de esos de aumento dispuesta a localizar mi alma.
Ha costado encontrarla, pero ese espejito es milagroso y al fin he dado con ella.
Estaba arrinconada, alejada por completo del corazón, hecha un rollito dentro del dedo meñique de mi pie izquierdo.
He hablado con ella, le he dicho que esta situación tiene que acabarse, que el corazón le necesita, que sin ella es incapaz de volver a amar. Me ha confesado que tiene miedo, que no quiere hacerse amiga de mi corazón, que al final siempre acaba sufriendo y aun le duele el recuerdo de la última vez.
Dice que se ha hecho amiga de la razón, que a veces se pasea por mi cuerpo hasta llegar al cerebro (bordeando el corazón para que no le vea) y hablar con ella. La razón es predecible, no le engaña y se la ve venir. El corazón era impredecible, un torbellino de sensaciones que igual que le dio felicidad se la quitó de cuajo el día en que el amor le abandonó.
Hemos mantenido una conversación bastante productiva, os adjunto un resumen de ella:
– ¿como me has encontrado? me ha preguntado
– Vi una lucecita en el fondo de mi pie.
– ¿Todavía brillo?
– Eso parece… ven, expande tu luz por mi cuerpo. Necesito ser luz para atraer la luz
– ¿y el corazón? Tengo miedo de dañarme otra vez
– No te preocupes, he hablado con la razón, ella se ocupará de él hasta que estés restablecida del todo
Tras esto he descubierto que no era un alma hueca, era un alma arrinconada y asustada, pero aun no he perdido mi luz.
Al fin y al cabo, la luz es energía, que ni se crea ni se destruye, solamente se transforma…
Tengo luz
Le daré un tiempo a mi alma para que se recupere por completo e ilumine al corazón.
Tras esto podré seguir mi búsqueda
Será cuestión de tiempo…