Muchos decís que para atraer la luz hay que generarla.
Estoy en parte de acuerdo con ello. Es la teoría de la atracción defendida en el libro ‘el secreto’, ahora tan de moda.
El concepto de ese libro es que los pensamientos positivos atraen pensamientos positivos y los negativos, pues eso, negativos.
No creo que sea así, al pie de la letra, sino que sencillamente si piensas en positivo eres capaz de ver otros caminos para llegar a tu fin que no ves si te ofuscas pensando en lo que no tienes.
Puedo ser luminosa, todos lo somos. Todos tenemos luz e iluminamos.
Pero no todos somos capaces de ver todas las luces (el espectro de la luz es muy amplio). Mi luz puede ser invisible para unos y cegadora para otros. Lo más desconcertante es que existen almas incapaces de ver su propia luz.
No nos olvidemos de las almas vampiras, que absorben la luminosidad del alma ajena hasta dejarla hueca y vacía. Momento en el que se van a buscar otra alma inocente a la que apagar.
Comparemos nuestras almas con las velas. Encendidas generamos luz, pero cuando somos apagadas necesitamos de un alma con la confianza suficiente como para poder acercarse a nuestra mecha y encenderla de nuevo.
A veces, al apagarnos, nos quedamos tan fríos que el alma que venga a encendernos corre el riesgo de apagarse con nosotros al acercarse a nuestra mecha helada.
No todas las almas generadoras aceptan el desafío.
Buscaré un alma que comparta mi espectro de luz, aunque siempre correremos el riesgo de que nos ataque un alma vampira.
La búsqueda se complica…
Solo es cuestión de tiempo