Tu mirada se perdió en ella una noche de luna llena.
El hechizo del momento te sentó sobre el cemento.
Dia y noche, sol y luna Frío intenso, cierzo y lluvia.
Anclado en el pasado, libre pero enamorado.
Siempre altiva y orgullosa consciente de ser valiosa.
Ella incluso te evitaba pero a ti no te importaba.
Feliz de admirarla, de estar a su lado aun siendo consciente de ser ignorado.
Memorial austero de su grandeza, torre mudejar de gran belleza.
Tus grises ojos fueron testigos del triste sino de su destino
Dicen que te han visto por la ciudad vagar buscando, sin acierto, volverte a enamorar.
En la Plaza San Felipe hay dos caballos que vigilaban la torre del eterno enamorado
(publicada en ‘el libro de las 500 imágenes de Aragón’ , Editorial Egido)